Lo más habitual a la hora de hacer el camino del Cares es llegar por carretera y entrar por el puerto de Pajares. Al coronar la subida desde tierras de León e inmediatamente después del edificio del parador nacional, hoy cerrado al público, a la izquierda se abre un amplio profundo valle. Si el día está despejado, uno tiene la impresión de que una gigantesca fuerza natural ha descargado y un colosal hachazo a la montaña.

Una impresionante brecha se abre a nuestros pies mostrando sus verdes entrañas. Es Asturias.

Camino del Cares

Esta vez, nuestra excursión por tierras astures tiene como meta lo que coloquialmente se conoce como la ruta del Cares. Y que hoy, por aquello de la moral naturaleza y de la belleza del camino, nunca Bastante pregonada, se ha convertido en la vereda habitual de excursionistas.

Incluso de esos típicos desmanteló cuadros y tortilla de patatas en tarde de domingo. Mientras alcanzamos nuestro objetivo, volvamos la mirada el camino.

O lo que ya queda,Las primeras pumaradas o la vaca pinta, ensimismada en rumiar su desayuno, nos encontraremos en las proximidades de Oviedo.

Oviedo es una ciudad antigua. Tiene el reposado aire de una señora bien entrada años. En la capital del principado no está demás darse una vuelta por el Fontán. Esta es una antigua plaza de 1792, construida en el lugar que ocupaba una laguna alimentada por una fuente. Aquí, en el mercado semanal es posible aún ver a las aldeanas de los alrededores ofreciendo repollos o lechugas arrancados esa misma mañana.

A los amantes de la arquitectura antigua les recomendamos una pequeña excursión a Santa María del Naranjo o San Miguel de Lillo, joyas del arte prerrománico asturiano.

También, antes de salir de Oviedo, es menester disfrutar del tipismo de los viejos “chigres”, si deberías para entendernos, donde los paisanos juegan al dominó entre el bullicio de la clientela.

Una impresionante brecha se abre a nuestros pies mostrando sus verdes entrañas. Es Asturias.

Covadonga, a un solo paso.

Nuestra última parada hacia alcaldes, desde Oviedo, sería Llanes, en la costa oriental.Pero antes, a la altura de las riendas nos sale al paso un cartel indicador: Covadonga. Una visita rápida.

Pasamos laudos por Cangas de Onís. Una parada justo para tomar café, admirar el puente romano y, de paso, ver como un ribereño sacamos amo de ocho kilos debajo mismo del ojo del puente. es ella, pródigo en salmones, correr mi clave rápido, camino de la amplia ría de Ribadesella.

Pocos kilómetros más arriba, está la cueva, la basílica y la colegiala. Ya estamos en Covadonga, donde los asturianos veneran a su Santina. Si se dispone de tiempo, una breve excursión a los Lagos compensa el esfuerzo. Allí arriba, en medio del parque natural de Covadonga, el aire es más puro y el queso y la sidra saben a gloria.

Bajaremos de los altos hacia Ribasesella  acompañando al Sella en su descenso hacia el mar. De Ribadesella a Llanes, pueblo costero de añejo sabor, de viejas casonas, murallas antiguas y gentes apacibles. En la tarde cómoda de Llanes repondremos fuerzas para atacar, de mañana, el desfiladero del Cares.

Cara sur del pico urriellu en la ruta del Cares de Asturias

Poncebos, el punto de partida

Vayamos al encuentro de alcaldes. Nos lo encontraremos en Unquera fundido con el Deva. Astur y cántabro de nacimiento, Cares y Deva aúnan sus aguas para desembocar en la ría de Tina Mayor, entre las dos provincias. De un quiero tomamos el camino de Panes por la N 621 en dirección sur. A partir de aquí seguiremos su curso hasta Arenas de Cabrales.

En Arenas paramos unos minutos para visitar una típica cueva donde madura el más famoso de los quesos asturianos, el Cabrales.

El cura, la máxima autoridad en toda clase de queso según los entendidos, nos acompaña para explicarnos los secretos de su elaboración. según explica con vehemencia, en las cuevas no se sobrepasa nunca los 12 °C y la humedad relativa del aire está por encima del 97%.

Los mohos se desprenden de las paredes son fundamentales para el proceso de maduración de Cabrales. El único secreto consiste en dejar los quesos debidamente perforados, reposar en la cueva. Los bulos sobre el empleo de estiércol en este proceso son absolutamente falsos. Por lo menos el cura ha prometido excomulgar a quien sostenga lo contrario.

Bien, volvemos a emprender el camino para cubrir los 6 km que nos faltan para llegar a Poncebos. Allí hay que echar tierra tierra. En adelante el sendero sólo permitirá el paso a las personas con los caballos.

Situados en Ponce vos, con camarón Niña unos 400 m más arriba, tenemos la derecha el macizo occidental o del Cornión  y, a la izquierda, el macizo central de los picos de Europa, con gran estrella, el Naranjo de Bulnes.

Encerrados entre las altas paredes calizas de la garganta, lo único que alcanzamos a ver ese cielo de arriba y el río ronroneando al fondo.

Después de reponer fuerzas que iniciamos el camino de nuevo. Los primeros metros son los más duros de que tomárselo con calma. Serán cuatro horas de caminar para recorrer aproximadamente unos 11 km.

La senda actual fue construida al mismo tiempo que el canal que lleva el agua desde la empresa de Caín hasta la Arenas de Cabrales. La caminata no ofrece demasiadas dificultades. Lo peor son los 200 primeros metros de desnivel,Después la pendiente es tan suave que resulta prácticamente inapreciable.

Medimos la dificultad de la ruta del Cares

La garganta

Según avanzamos hacia tierras de León el desfiladero se acercando poco a poco.El camino parece cerrarse a cada vuelta y tras cada recodo descubrimos un nuevo tramo, una nueva caída hasta el río 200 m más abajo. Es asombroso ver como algunos árboles han plantado sus raíces en la desnuda Paredes desfiladero, el increíble alarde de malabarismo vegetal.

En ocasiones, el largo culebreo del sendero nos permite ver en el fondo de la garganta, un pequeño puente. Suele ser un elemental Madero apoyaron dos piedras desde que se sirven los pastores de cabras para cruzar el río busca de su ganado. Visto desde la altura parece un juguete fabricado con mundo dientes.Las cabras, que necesitan puentes para brincar ágilmente una para la otra, campan aquí a sus anchas y ponen una nota de vida al vertical paisaje.

El río no siempre se ve. Cómo testimonio de su presencia nos acompañe siempre el canto o el ruido de su bajada. Cuando parece, verde intensamente. Sus aguas discurren rápidas y se abren en vetas blancas cada vez que una piedra se opone a su paso. Son esas mismas aguas verdes, espumosas y sonoras las que han sido capaces de abrir este profundo tajo en la roca con la silenciosa complicidad de los años.

Hace al final del camino las paredes del cauce están cada vez más próximas. La garganta se estrecha y, a veces, hay que internarse en la misma roca.Un pequeño túnel, en la roca viva, salpicado de ventana sobre el río nos conduce ya los últimos metros hasta la presa de Caín.Allí, unos metros más arriba de la sencilla pared que retiene las aguas, podemos contemplar el verdadero muro rocoso por el que el agua se incrusta milagrosamente.

Ha sido 11 km de caminata. Algo sudorosos, nos detenemos unos minutos a solas dos en el paisaje. Sólo en lento descubrir de la quiebra silencio. Son unos segundos sin palabras. Cada uno intenta asimilar todo lo que ha visto, lo que ha oído, aquello que imaginaba y que ahora conoce. Después los comentarios de rigor, algunas risas y los últimos pasos antes de caer, agradecidos, en los brazos de un reparador almuerzo.

Muchos excursionistas deshacer andado y vuelven, garganta abajo, hasta Poncebos en la misma jornada.No es nada descabellado, pero nosotros propondríamos una rueda más interesante: regresar por el desfiladero de la Hermida acompañando al Deva en su descenso.

Para ello hay que organizarse antes de partir. Se puede alquilar uno de los muchos todo-terrenos que hay en la zona y atravesar desde Caín hasta Fuente Dé a través del monte.

La ruta pasa por Posada y Santa María de Valdeón, para cruzar después por el puerto de Pandetrave hasta Fuente Dé.  Un poco más abajo, después de pasar Pido y Espinama, se puede hacer noche en Cosgaya para volver el día siguiente hasta el Mirador de Cable, en Fuente Dé.

El regreso se hace por el valle de Liébana, siguiendo el curso del río. Es una ruta con enormes atractivos turísticos que desemboca en el desfiladero de La Hermida, de estructura similar al de Cares.

Aquí, aunque las paredes rocosas son también impresionantes, el hecho de pasar en coche le resta espectáculo al paisaje.

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